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DISCAPACIDAD, INCLUSIÓN Y #HábitosSaludables

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Tener una discapacidad no significa no estar saludable o no poder estarlo. Las mayorías de las personas con o sin discapacidad pueden mantenerse sanas si aprenden a adoptar un estilo de vida saludable.

Estar saludable representa lo mismo para todas las personas, es decir, estar y mantenerse bien para llevar una vida plena y activa. Para ello, debemos contar con las herramientas y la información necesarias para tomar decisiones y saber cómo prevenir las enfermedades.

Las personas con discapacidad, para estar saludables, requieren de una atención médica acorde a todas sus necesidades en general, no solo con relación a su discapacidad. Las condiciones de discapacidad pueden ser mentales, físicas, psíquicas, visuales o auditivas y es importante identificar la clase de alteración y cómo puede afectar el estilo de vida pero, sin importar qué discapacidad, una persona tendrá mejor salud y podrá prevenir ciertas enfermedades si mantiene una buena alimentación, una vida activa y una adecuada higiene.

Alcanzar el desarrollo vital pleno de la persona se fundamenta en establecer una serie de pautas en las que se equilibren las costumbres diarias. Conocer las posibilidades y las limitaciones, y fomentar el interés por la vida activa, la autonomía y la salud personal forman parte de los ingredientes básicos para edificar una vida sana.

El ejercicio físico, en la medida de las posibilidades de cada persona, es esencial, ya que su falta puede ocasionar problemas como obesidad, debilitamiento muscular, osteoporosis, estreñimiento, etc. Las personas con discapacidad han de hacer un esfuerzo especial para hacer ejercicio o incrementar su movilidad, dependiendo de los grados de incapacidad motora que tengan y recurriendo a terapias si fuera necesario.

Las personas con una gran discapacidad física que ven comprometida su movilidad tienen unos requerimientos asistenciales específicos que es importante conocer para evitar las complicaciones. El grado de asistencia dependerá del compromiso de la movilidad de cada persona. Cuando una persona está sentada en una silla de ruedas de manera continua se han de realizar movimientos frecuentes para evitar una presión constante. Es muy importante que, ya sea el cuidador o el propio paciente, inspeccionen de forma rutinaria la piel, especialmente aquellas zonas que están más sometidas a presión. También hay que mantener una rutina de baño o ducha diarios.

Es necesario, además, seguir una alimentación equilibrada que asegure el aporte necesario de nutrientes por una parte y, por otra, que facilite el tránsito intestinal. Para ello, habrá que incluir en la dieta una parte de fibra; es decir, frutas y verduras, así como líquidos, ya que el aporte de agua facilita el tránsito intestinal.

Es importante, en los casos de trastornos neurológicos y de disminución de la movilidad que ocasionan modificaciones de la función intestinal y urinaria, crear un hábito que asegure la continencia diaria y la eliminación rutinaria de los residuos. Para evitar las complicaciones urinarias más frecuentes, se pueden seguir unas sencillas pautas como: beber una cantidad suficiente de líquidos, vaciar la vejiga regularmente y ser estricto en la limpieza de las sondas y los catéteres cuando estos sean necesarios.

Si hablamos de inclusión de personas con discapacidad, nos referimos a una mayor participación en roles y actividades de la vida social como ser estudiante, trabajador, amigo, miembro de la comunidad, paciente, esposo, pareja o padre. Incluir a personas con discapacidad en las actividades cotidianas y animarlas a que tengan roles similares a los de sus compañeros, facilita la adquisición de hábitos saludables. Esto implica más que simplemente animar a las personas, es necesario garantizar que haya políticas y prácticas adecuadas vigentes. Ser parte de un entorno suma salud.