¿CÓMO CUIDAR EL HÍGADO?

El hígado es un órgano vital del cuerpo humano, cumple un sinnúmero de funciones: la depuración de sustancias tóxicas, el control del sistema de coagulación de la sangre, el control del sistema inmunológico. Está inmerso en todos los procesos metabólicos de nuestro organismo, en el almacenamiento de vitaminas y glucógeno (glucosa de reserva), ayuda a la formación de bilis y los procesos digestivos, entre otras funciones.

Al tratarse de un órgano multifuncional, mantenerlo sano es muy importante para evitar alteraciones o desequilibrios en el organismo, como, por ejemplo: problemas de coagulación, irregularidades en los procesos hormonales, inflamación de los canales biliares, problemas digestivos, etc.

Es víctima de nuestros malos hábitos, del estilo de vida poco saludable, de la ingesta de sustancias tóxicas, medicamentos y alcohol. Estos malos hábitos van limitando su función cada vez más compleja y eso va alterando el funcionamiento del cuerpo y dando origen a diferentes problemas o enfermedades.  La cirrosis, las hepatitis o el hígado graso, son los problemas más comunes.

La mejor forma de conocer el estado del hígado es a través de un análisis de sangre. Por medio de una serie de pruebas de laboratorio, ‘perfil hepático’, se puede comprobar si el órgano tiene una infección, enfermedad o lesión. Por lo general, los diagnosticados tienen duplicados o hasta triplicados los índices de las enzimas hepáticas, que están acompañados de alzas en los niveles de azúcar, colesterol y triglicéridos. Los laboratorios se complementan con estudios de imágenes.

¿Cuáles enfermedades puede padecer el hígado? Son varias y de diferente origen. Por un lado, se encuentran las provocadas por un virus, como las clásicas hepatitis, de la A hasta la E. Otras, como la cirrosis o el hígado graso, pueden aparecer por la ingesta abusiva de medicamentos, toxinas o alcohol. También están las de procedencia autoinmune como la colangitis esclerosaste primaria, la cirrosis biliar primaria y la hepatitis autoinmune. Por ultimo diferentes síndromes congénitos y cáncer.

En lo referido a la alimentación, el consumo excesivo de grasas genera una sobre exigencia del órgano, lo que puede desencadenar en una inflamación o la obstrucción de los canales biliares. Cuando al hígado llega un exceso de alcohol, no puede quemar la totalidad de las grasas y estas se van acumulando en el organismo, generando diversos problemas que afectan a todos los sistemas del cuerpo.

Los malos hábitos se convierten en una serie de estímulos que llevan al hígado a trabajar el doble. El órgano se intoxica por la mala alimentación, el exceso de grasas, el alcohol y el escaso consumo de fibra vegetal. El consumo de algunos medicamentos e incluso, de acuerdo con estudios, emociones como la ira o irritabilidad y la frustración, también contribuyen a afectar la función del hígado.


PAUTAS PARA EL CUIDADO DEL HÍGADO:

– Mantener una buena alimentación: es importante llevar una dieta equilibrada y saludable, acompañada de una ingesta apropiada de verduras, legumbres, frutas y cereales integrales. Esto ayudará al hígado a mantenerse en buen estado y libre de toxinas.

– Moderar el consumo de grasas: el consumo excesivo de grasas altera la función metabólica del hígado, lo que puede desencadenar en una inflamación o la obstrucción de los canales biliares. También, es importante elegir aceites en crudo y buscar otras alternativas de preparación que no sean fritas.

– Beber suficiente agua: algunos procesos metabólicos necesitan de la presencia de hidrógeno y oxígeno, que se obtienen del agua.

– Evitar el consumo de alcohol: el exceso del mismo puede generar daño hepático severo (cirrosis).

– Controlar la ingesta de medicamentos: el consumo de medicamentos solo debe ser orientado bajo prescripción y vigilancia médica. El abuso por automedicación puede desencadenar en problemas hepáticos.

-Tener cuidado con las dietas detox: el término detox significa que una persona se abstiene del consumo o elimina de su cuerpo sustancias tóxicas o poco saludables. Desde el punto de vista del consumo de antioxidantes, frutas, verduras y de evitar la ingesta de alcohol, se puede decir que sí es recomendable, siempre y cuando la persona no deje de alimentarse apropiadamente.

-Lo que no es correcto, es considerar que “las dietas detox” reemplazan la alimentación saludable. El abuso de este tipo de dietas puede traer varios peligros como la pérdida de masa muscular, la generación de cálculos renales, la falta de minerales y vitaminas. Hay más inconvenientes que beneficios si no equilibramos lo que ingerimos.

– Hacer ejercicio de forma regular: Mantener una vida activa con la práctica regular de ejercicio ayuda al buen funcionamiento de todos los órganos y, por tanto, contribuye a mantener un organismo saludable.

-Visitar al médico: Siempre se recomienda una visita al médico por lo menos una vez al año, no solo para cuidar nuestro hígado sino para cuidar todo nuestro cuerpo.


HEPATITIS

Las hepatitis son un grupo de enfermedades caracterizadas por producir inflamación del hígado.

Cuando esta inflamación ha aparecido recientemente, hablamos de hepatitis aguda y a los procesos que duran más de seis meses les llamamos hepatitis crónicas. Las hepatitis virales son enfermedades transmisibles, y, por tanto, potencialmente se pueden prevenir.

La trasmisión de los virus A y E se produce a través del agua y los alimentos contaminados, por lo que una buena higiene en la alimentación y un tratamiento adecuado del agua y los alimentos puede ayudar a prevenir el contagio. Además, para el virus de la hepatitis A existe una vacuna muy eficaz que está incluida en el calendario de vacunación.

Los virus B, C y D se transmiten por la sangre y por relaciones sexuales, aunque el virus C es muy poco eficaz en su transmisión por vía sexual. Los centros de hemoterapia (banco de sangre) examinan todas las muestras para descartar la infección por estos virus, por lo que el contagio se ha reducido enormemente en los últimos años. Como ya dijimos la transmisión sexual es posible, mantener relaciones sexuales sin riesgo (uso de preservativo) es la forma de prevenir el contagio.

Existe una vacuna muy eficaz y segura que previene la infección por el virus B y, consiguientemente, la sobreinfección por virus D que solo ocurre en portadores del virus B. Esta vacuna está ya incluida en el calendario de vacunación.

En relación a la hepatitis C, no existe todavía vacuna que prevenga la infección de dicho virus.  El 20% de los casos agudos se curan espontáneamente, pero la mayoría evolucionan hacia la cronicidad. Los pacientes crónicos se tratan con medicamentos antivirales que tienen pocos efectos secundarios, es muy importante que dichos pacientes lleven una dieta variada y saludable, eviten los alimentos grasos y alcohol, ya que consumirlos hace que la enfermedad evolucione rápidamente.

Por ultimo están las hepatitis autoinmunes, de causa desconocida, que no pueden prevenirse.